Los mejores restaurantes con terraza en Madrid para esta temporada

Madrid ofrece una oferta excepcional de restaurantes con terraza, desde azoteas con vistas panorámicas hasta jardines secretos con cocina de alto nivel.

Naia ValverdeNaia Valverde· · 7 min de lectura

Cuando el termómetro sube y la ciudad se llena de luz hasta bien entrada la noche, Madrid se convierte en un escenario perfecto para comer y cenar al aire libre. Los restaurantes con terraza en Madrid son uno de los activos más codiciados de la capital, y la oferta no para de crecer: azoteas con vistas panorámicas, jardines escondidos en patios de hotel, chiringuitos urbanos en pleno centro y terrazas clásicas de barrio que llevan décadas funcionando sin necesitar reinventarse. La clave, claro está, es saber cuál merece la pena por lo que sirve y no solo por el escenario.

Porque conviene aclararlo desde el principio: no todas las terrazas bonitas tienen detrás una cocina a la altura. Pero hay lugares donde el entorno y el plato se dan la mano sin que ninguno de los dos salga perdiendo. Esos son los que realmente merecen una reserva con antelación.

Azoteas con cocina de nivel: lo mejor de las alturas

La Terraza del Urban, en plena Carrera de San Jerónimo, lleva décadas siendo un referente y sigue renovándose sin perder el paso. La nueva carta de Mordiscos by CEBO, firmada por Javier Sanz y Juan Sahuquillo —directores del restaurante Cebo, con una estrella Michelin—, propone bocados informales pero muy bien pensados: croqueta de jamón Joselito con leche de oveja, croissant de tartar de atún rojo o brioche de presa ibérica con salsa de payoyo. Las vistas sobre la calle Alcalá y el fondo del Retiro, más una coctelería de alto nivel, la convierten en una apuesta casi infalible. El precio medio ronda los 50 euros y el acceso al bar es libre sin necesidad de alojarse en el hotel.

También en las alturas, el restaurante Sép7ima ocupa la azotea del hotel Only YOU Atocha y abre los 365 días del año. Su chef Joel Tomás Hernández propone una carta donde la cocina tradicional aparece reinterpretada con cierta osadía: ajoblanco con burrata y atún rojo, huevos rotos con picadillo de chacina ibérica, chipirones con chirivía o presa a baja temperatura estilo Café de París. El espacio está completamente aclimatado, lo que lo hace igual de válido en pleno verano que en una noche de primavera fresca.

Dani Brasserie, en la azotea del Four Seasons Hotel Madrid, en la calle Sevilla, es otro de esos rooftops que funcionan más allá del postureo. Dani García ha llevado allí algunas de sus creaciones más icónicas —el tomate nitro, la tortilla con cebolla y queso azul, los calamares a la andaluza con almendras— junto a nuevas propuestas de temporada. Cada tarde, de 16 a 19 horas, la terraza activa una carta de spritz y snacks pensada para celebrar la estación con cócteles como el Perséfone o el Primer Verdor, obras del head bartender Alonso Domínguez.

En la azotea del The Madrid EDITION, The Roof es el espacio exterior del restaurante Oroya, donde Diego Muñoz propone un viaje a Perú con ceviche tradicional de corvina, tiradito nikkei de atún y gambón rojo en tempura. Las Rooftop Sessions con DJ al atardecer completan una experiencia que ha consolidado a este rincón como uno de los puntos calientes de la temporada. También destaca Cornamusa, el proyecto de Grupo Azotea sobre el Palacio de Cibeles, con unas de las mejores panorámicas de la ciudad y una carta que incluye solomillo de vaca de Guadarrama, arroz ahumado con queso de cabra o ventresca de cordero crujiente.

Jardines secretos y terrazas de hotel que enamoran

No todo son azoteas. Algunos de los mejores restaurantes con terraza en Madrid se esconden en los jardines de hoteles históricos que parecen ajenos al ruido de la ciudad. La Terraza del Santo Mauro, en la calle Zurbano, es un ejemplo perfecto: el jardín del palacete alberga una experiencia multisensorial donde la coctelería de autor convive con platos para compartir como el famoso bikini de lomo ibérico con queso comté, las gildas de bacalao o las ostras a la brasa. De fondo, música en vivo —jazz, bossa nova, flamenco— que convierte la sobremesa en algo difícil de abandonar.

El Patio de Claudio acaba de abrir en el recién reformado Hotel Único, en pleno barrio de Salamanca. El chef Mario Valles, conocido por su paso por Hortensio y Narciso, dirige una cocina de alma bistronómica europea con acento mediterráneo. El steak tartar hecho a medida del comensal, el cochinillo confitado, unas croquetas que dan pelea a cualquiera o los raviolis de buey de mar son razones suficientes para reservar. La cocina es ininterrumpida y el jardín, uno de los más bonitos de la zona.

El restaurante Amós, en el hotel Rosewood Villa Magna de la calle Ortega y Gasset, guarda una terraza recoleta y fresca donde llegan los platos del cocinero cántabro Jesús Sánchez: anchoas de Santoña, merluza en salsa verde de algas, chipirones rellenos o arroz con pollo de corral. Entre miércoles y viernes ofrecen un menú del día por 49 euros. El acceso es también posible desde el Paseo de la Castellana.

El Jardín de Orfila, en el hotel del mismo nombre, es otro de esos rincones donde la paz es casi tan importante como la comida. La carta estival de Mario Sandoval incluye propuestas como el salmorejo de mango con tomate confitado, el ravioli de crustáceos con salsa de champán y azafrán o el aguachile de vieira. El rumor del agua y la vegetación hacen el resto.

Mar, brasas y cocina de producto al fresco

Mar Mía, en la Plaza de Isabel II frente al Teatro Real, tiene alma de chiringuito urbano aunque esté en el corazón de la capital. Detrás del proyecto están los equipos de Estimar, Manero y Casa Elías, lo que da pistas sobre el nivel de la propuesta. Arroces alicantinos de interior, mariscos frescos, fritura bien ejecutada y el lobster roll con cangrejo real son algunos de sus platos estrella. La terraza exterior tiene vistas a Ópera; el interior se convierte en un vergel.

Rubaiyat apuesta por las brasas y los cortes de carne de reses de crianza propia bajo la dirección de la chef Mariana Argeoli, con una carta que fusiona tradición brasileña y producto de alta calidad. Los dados de tapioca con mermelada de guindilla, el arroz de pulpo o el steak tartar con patatas suflé se sirven en uno de los entornos más amplios y vegetales de Madrid, disponible durante todo el año.

Villa Verbena, junto al lago de la Casa de Campo, es el proyecto de Triciclo y The Hat en uno de los parques más grandes de Europa. Casi 600 metros cuadrados de espacio acogen a familias y grupos de amigos ante una carta de brasas con carne de Discarlux y pescado de Pescaderías Coruñesas. Las bravas, las croquetas, los callos o un rape a la brasa conviven con guiños creativos como unos tacos de cochinita pibil. Pura verbena madrileña.

Terrazas clásicas que nunca fallan

Sacha, en Juan Hurtado de Mendoza, es la terraza favorita de los gastrónomos y cocineros de la ciudad. Sacha Ormaechea practica esa cocina sencilla, sabrosa y verdadera que resiste el paso del tiempo: berberechos al vapor, tortilla vaga, carabineros, navajas, mejillones, escabeche de vaca. En verano, el comedor interior cierra y toda la vida se traslada al jardín. Lo mejor es dejarse llevar por el patrón.

Berria, frente a la Puerta de Alcalá, es el wine bar más gastronómico de la plaza. La carta de vinos —con miles de referencias y añadas imposibles— convive con una cocina precisa y sin artificios: bacalao en tempura, salpicón de langostinos y gildas que rozan la perfección. La terraza sobre la Plaza de la Independencia es una de las más privilegiadas del centro.

Numa Pompilio, en Velázquez 18, puede que no sea el italiano más emocionante de Madrid, pero su terraza sí que lo es: tranquila, elegante, con vegetación romántica y esa sensación de estar en el sueño de una noche de verano burguesa. Los tagliolini con setas en rueda de Pecorino o el vitello tonnato son los platos a pedir. Y para cerrar con un clásico absoluto, L'Entrecote Café de París, en la calle Félix Boix del barrio de Chamartín, sigue siendo una cita imprescindible para las noches de verano con su entrecote fileteado y la salsa secreta creada en 1930 por Monsieur Boubier.